ME DIRIJO A VOSOTROS
Debo recordaros siempre que vosotros solos sois demasiado débiles para liberaros finalmente de la forma. En primer lugar no podéis reunir la voluntad para liberaros de Mi adversario porque él mantiene vuestra voluntad debilitada, y a vosotros mismos os falta la fuerza para dirigirla hacia Mí, a Quien no reconocéis porque carecéis de toda luz. Por lo tanto, primero debéis fortalecer vuestra voluntad, lo cual solo Uno puede hacer: Jesucristo, el Redentor del mundo. Porque Él, a través de Su muerte en la cruz, os concedió la gracia de una voluntad fortalecida.
Debido a vuestra antigua apostasía de Mí, os entregasteis voluntariamente al poder de Mi adversario, quien jamás os habría liberado de su parte, si Yo no os hubiera redimido a través de Mi obra de Redención en Jesucristo. Si ahora lo deseáis, él ya no tiene ningún derecho sobre vosotros, podéis liberaros de él, pero necesitáis fuerza para lograrlo. Necesitáis en primer lugar una voluntad fortalecida y, además, una transmisión de fuerza para ponerla en práctica. Debéis dirigir vuestra voluntad hacia Mí y someterla a la Mía, lo cual implica vivir conforme a Mi voluntad. Y a Mi voluntad es: integrarse a la ley del orden divino, es decir, vivir en el amor.
Vuestro estado al encarnar como seres humanos, no es un estado de fuerza ni de luz. Sois criaturas débiles, que aún vagan en la oscuridad del espíritu, sin ser conscientes de su estado original, de su relación Conmigo y del significado y propósito de su vida terrenal. Y jamás podríais elevaros de este estado deficiente a las alturas, jamás podríais recuperar vuestro estado original, a menos que Yo os otorgara la fuerza que está abundantemente disponible para vosotros a través de la obra de Redención de Jesucristo, porque Yo Mismo morí por vosotros en el hombre Jesús en la cruz para ayudaros, para remediar vuestra impotencia, para iluminaros el camino hacia Mí y para guiaros por encima de todos los obstáculos, si así lo deseáis.
Y para así lo queráis, solo necesitáis aprovechar las gracias de la obra de Redención … Solo necesitáis orar a Mí en Jesús pidiendo fortaleza de voluntad, por ayuda, por todos los medios a través de los cuales podáis alcanzar las alturas … y Yo escucharé vuestra oración … toda petición que dirijáis a Jesucristo para la Salvación de vuestra alma será cumplida, y ningún ser humano se perderá quien, con fe en la obra de Redención, se encomienda a Él, que Le pida perdón por sus pecados y apoyo, para que pueda lograr su objetivo, la liberación de la forma que es consecuencia del pecado original, la apostasía de Mí …
Y cada petición de este tipo será escuchada, pues ahora Me reconocéis de nuevo en Jesucristo, a Quien antes no quisisteis a reconocerlo a Él y por eso caísteis en las profundidades … Pero vosotros no lograréis esta obra de Redención por vosotros mismos: jamás tendréis la fuerza para liberaros del adversario, permaneceréis eternamente en su poder a menos que Aquel, Que derramó Su sangre por vosotros os ayude … a menos que toméis el camino hacia Él y, por tanto, también hacia Mí, Quien verdaderamente os redimirá de su poder …
Amén